El póquer, la gran excepción




Tamaño de las apuestas

Convertirse en un buen jugador de póquer no consiste simplemente en recibir un buen par de cartas y saber cómo actuar con ellas, va mucho más allá. De la misma forma que es importante conocer las probabilidades de éxito que tiene tu jugada, también lo es saber cuánto se debe apostar en cada momento para maximizar tus beneficios y, por supuesto, para aplicar la presión justa a tu contrincante.

Una apuesta demasiado elevada puede exponerte demasiado o hacer pensar a tu rival que vas de farol, mientras que una apuesta demasiado baja suele significar debilidad, aunque también una posible trampa en la que quieres que los demás integrantes de la mano caigan. Todo depende de lo que quieras transmitir y evidentemente del perfil del jugador que tengas en frente. Pero más allá de eso, existen unos rangos que se consideran estándar para como comportamiento habitual y saberlo es un aspecto vital.

Como norma general, hay que diferenciar entre dos situaciones posibles dependiendo de si has sido tú el que has subido al empezar la mano o, por el contrario, simplemente has visto la apuesta. En el primer caso se ha demostrado que lo más rentable es realizar una apuesta en el flop (que para quien no lo sepa es la fase en la que hay tres cartas comunitarias) independientemente de si has conectado una buena mano o no. En un alto porcentaje de ocasiones tu rival se tirará de la mano ante la agresión que has demostrado por el mero hecho de que él tampoco ha conseguido conectar nada. El tamaño de esta apuesta debe oscilar entre el 35% y el 55% del tamaño total del bote acumulado en esa mano. Menos sería contraproducente y más también ya que estaríamos arriesgando demasiado dinero sin poder defenderlo en condiciones en el resto de calles.

Algo similar ocurre cuando no eres el agresor, solo que aquí nuestro tamaño y comportamiento variará dependiendo de si hemos conectado algo o no. En caso afirmativo, esperaremos a observar si el rival apuesta o no y el tamaño con el que lo hace. Siguiendo las pautas comentadas anteriormente, podremos saber qué mano quiere representar y decidiremos. En caso afirmativo procederemos a apostar lo mismo que en el ejemplo anterior. Nada de apuestas iguales al bote o apuestas enormes ya que no salen rentables.

Otro ejemplo es cuando resubimos una apuesta. Los jugadores novatos suelen ir directamente all-in o simplemente multiplicar por 5 o 6 la subida del agresor. Sin embargo, esto no es correcto en absoluto. Lo correcto en la gran mayoría de situaciones es subir 2,5 o 3 veces la apuesta del contrincante que ha subido antes que nosotros. En caso de que otro jugador haya pagado ya, entonces sí podremos aumentar esta cantidad a un multiplicador de 4 o 5 ya que el dinero que podemos conseguir si se retiran es mayor. Es lo que se conoce como squeeze y es una jugada muy habitual en las mesas.

Cuando tenemos una mano poderosa nuestro objetivo debe ser siempre hacer que los rivales pongan dinero en el bote, cuanto más mejor. Por lo tanto, si nos pasamos y se asustan conseguiremos precisamente todo lo contrario. Es por eso que dominar el tamaño de las apuestas que debes hacer en todo momento es una de las claves más importantes si tu objetivo es convertirte en un jugador lo más rentable posible. No es nada fácil, la verdad, pero aquellos que adquieren mucha práctica en este sentido pueden manipular la mente de los rivales con una facilidad pasmosa, así que es uno de los aspectos más fundamentales que debes aprender.